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27 de junio de 2014

Los 'hijos adoptivos' nombrados durante la dictadura de Primo de Rivera


El Ayuntamiento de Getafe otorgó, durante la dictadura de Primo de Rivera, dos veces el honor de 'hijo adoptivo'. Y parece que en ambas ocasiones se aprobó por indicación expresa de la 'superioridad'. A pesar de ello, a día de hoy, aunque no tengan ninguna relación con el municipio, mantienen los honores concedidos por obediencia debida o pura lisonja.

El 9 de octubre de 1925, el pleno del Ayuntamiento de Getafe acordó nombrar Hijo adoptivo de Getafe al mismísimo dictador, el general Miguel Primo de Rivera y Orbaneja. El secretario de la corporación recogió en el acta de manera magistral el protocolo de adulación al dictador: «La Corporación, identificada por completo con el sentir de la alcaldía, Enrique Gutiérrez Carnero, y haciéndose a su vez eco de los sentimiento de este vecindario, en atención a las circunstancias excepcionales que concurrren en el Alto Comisario de Marruecos, presidente del Directorio Militar, excelentísimo señor teniente general don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, marqués de Estella, proporcionando días de perpetua recordación a nuestra querida patria, con su acertada dirección en la actuación militar de África, acuerda por aclamación y con el mayor entusiasmo nombrarle Hijo adoptivo de esta villa de Getafe, y que por la Alcaldía Presidencia se entrege al presidente del directorio militar certificación íntegra del acta de esta sesión».

El alcalde, Enrique Gutiérrez Carnero, observado desde la distancia en el tiempo, nos parecía un tipo realmente adulador y pelota. Ejerció el cargo en una primera etapa entre 1925 y 1927.

A finales de junio de 1926, el Presidente de la Diputación de Madrid emitió un oficio a todos los ayuntamientos de la provincia con  indicaciones concretas para conceder honores a Manuel Semprum y Pombo, Gobernador Civil de Madrid.

El día 3 de julio de 1926, reunido el ayuntamiento de Getafe en sesión plenario,  acordó nombrar a Manuel Semprum y Pombo Hijo Adoptivo de la Villa de Getafe. Seguramente, fue 'adoptado' por casi todos los municipios madrileños, sino no lo fue por la totalidad.  En el caso de Getafe, el hecho se reflejó en el acta sin ocultar siquiera el motivo de la concesión:

«Vista la carta del Presidente de la Diputación Provincial de Madrid relacionada con el nombramiento de Hijo Adoptivo de cada uno de lo pueblos de esta provincia a favor del excelentísimo Gobernador Civl de la misma, Don Manuel Semprún, este ayuntamiento, con sigular placer, acuerda nombrar y nombra Hijo Adoptivo de esta Villa al excelentísimo señor Don  Manuel Semprún, Gobernador Civil de esta provincia, merecedor por todos conceptos de esta distinción, y se acepta con el mayor gusto la intervención de la presidencia de la Excma. Diputación Provincial como lazo de unión entre todos los pueblos a fin de que el mencionado nombramiento pueda hacerse al azar y de modo unánime, y que por esta alcaldía se consteste en este sentido a la Presidnecia de la Diputación Provincial». 

Manuel Semprum y Pombo había nacido en Madrid el 11 de septiembre de 1868. Era hijo de José María Semprún y Álvarez, senador electo y vitalicio y vicecónsul de Portugal, y de Carmen Pombo Fernández de Bustamante. Estudio derecho y ejerció la abogacía en Valladolid, ciudad en la que empezó su carrera política al ingresar como concejal progresista. Al poco tiempo, viendo escaso futuro en su afiliación progresista empezó a militar en el Partido Libera. Entre 1906 y 1907 fue alcalde Valladolid; luego fue diputado a Cortes en varias legislaturas; entre 1916 y 1923, fue senador electo por las provincias de Salamanca y Cádiz, así como Gobernador civil de Zaragoza, Cádiz y, finalmente, Madrid.

El 23 de abril de 1927, el ministro de gobernación Martínez Anido, cesó a Manuel Semprún como Gobernador Civil de Madrid, pasando a ser designado Alcalde de Madrid  durante unos meses. Por esas misma fechas se regulaba mediante 'reales órdenes ministeriales' la renovación de los concejales y alcaldes de los ayuntamientos.

Tres meses después, exactamente 18 de junio de 1927, el ayuntamiento de Getafe recibió un telegrama del nuevo Gobernador Civil de la Provincia por el cual se destituía de su cargo al alcalde Enrique Gutiérrez Carnero, manifestando la presidencia que procedía el nombramiento de persona para el desempeño del mencionado cargo de Alcalde. Después de la intervención de varios concejales, y puesto el asunto a votación, se acordó, por siete votos contra cinco, aplazar el nombramiento.

En la siguiente sesión plenaria, con fecha 11 de julio de 1927, con arreglo a lo prevenido en el Estatuto Municipal resultó elegido como alcalde Ricardo Corredor y Arana. El resultado no era aplastantes pero dejaba un pequeña duda: diez votos a favor y una papeleta en blanco. Seguidamente tomó posesión de su cargo que prometió desempeñar bien y fielmente. Igualmente se procedió a designar por elección los cargos de Primer Teniente de Alcalde a Jacinto Cervera Gómez; y de segundo Teniente de Alcalde a Juan José Barrilero y Deleyto. Igualmente se designo a los suplentes de dichos cargos.

Terminada la elección del nuevo alcalde, un vecino, en concepto de 'espontáneo', solicitó la palabra.  El protagonista de tan singular petición era el polifacético artista y exconcejal Filiberto Montagud; un barcelones afincado en Getafe desde el año 1912.

Filiberto Montagud se acogió al 'derecho de queja' que otorgaba el estatuto municipal. Desde que se instauró la dictadura, en septiembre 1923, se permitía la participación ciudadana en los plenos de los ayuntamientos. Además, a esa altura de los años veinte, la dictadura empezaba a reblandecerse. Y así, estando regulado, los ediles no tuvieron más remedio que  concederle la palabra.

La intervención de Filiberto Montagud se centró sobre dos temas sin relación alguna. En primer término manifestó su protesta por la celebración de la capea en las últimas fiestas en honor de la Virgen de los Ángeles, de la cual no era partidario. Montagud había dimitido como edil getafense y había cerrado el periódico La Región que dirigía por culpa de los tumultos y sucesos violentos provocados por la anulación de los festejos taurinos en las Fiestas del 1918. El exedil manifestó, y así lo recoge el acta de la sesión plenaria, que siendo él miembro de la Corporación, esos festejos no se celebraron durante dos años.

Seguidamente expresó su opinión en el sentido de la determinación que debieron adoptar los señores Concejales relacionada con la destitución del señor Alcalde. El pleno del Ayuntamiento, después de oír las manifestaciones de los concejales Barrilero y Herranz, y entendiendo de conformidad con estos señores que lo expuesto por el señor Montagud se refería a hechos pasados en cuanto a la capea y que no tenía el carácter de queja municipal que regula el Real Decreto de 29 de octubre de 1923; las aseveración realizadas por Filiberto Montagud en la segunda parte de su intervención y «puesto que afecta solamente a la actuación particular de los señores concejales se acuerda por unanimidad tener por no hecha la queja formulada», de lo que quedó enterado el interesado y así se anotó en el acta sin que sepamos en qué sentido intervino el crítico y sagaz Filiberto Montagud.

El 15 de febrero de 1928 la Asamblea quedó enterada de una Real orden de la Presidencia del Consejo de Ministros de 13 de febrero disponiendo que deje de formar parte de la Asamblea el señor don Manuel Semprún y Pombo que figuraba en ella como Alcalde Presidente del Ayuntamiento de Madrid.

Manuel Semprum y Pombo fue condecorado en vida como caballero de la Gran Cruz de Isabel la Católica y gran oficial de la Legión de Honor de Francia. Falleció en Madrid el 30 de noviembre de 1929.

Al final de la década de los veinte, la descomposición política de la dictablanda provocó la inestabilidad de los ayuntamientos. En dos años hubo cuatro alcaldes en Getafe; tres designado y uno elegido. En 1930 ejercieron el cargo de primer edil Gonzalo Valdez López y Mariano Ron González. En 1931,  Enrique Gutiérrez Carnero volvió a ser nombrado alcalde de Getafe. Ahora sí, a la dictablanda se le diagnosticó una fuerte diarrea. Algunos personajes, como Gutiérrez Carnero o Luis Martín aceptaron cargos en los que duraron apenas dos o tres  meses.  El gobierno convocó comicios municipales el 12 de abril de 1931; Enrique Gutiérrez Carnero se presentó a las elecciones con escaso éxito al conseguir solo 117 votos entre los cuatro distritos electorales. Otros candidatos como  Luis Martín Pérez, Mariano Benavente GonzálezLaureano Cervera Butragueño, Marcelo Cervera Herreros o Emilio Butragueño Moreno le duplicaron o, incluso, triplicaron el número de votos recogidos. El vencedor de las elecciones fue Luis Martín Pérez. Además de los citados, resultaron elegidos Valentín Benavente, Anastasio Deleyto, Miguel de Francisco, Lisardo Martín, Felipe Sacristán, Gregorio Pérez y Eusebio Antón.

Una de las primeras decisiones de la nueva Corporación fue el cambio de calles. Por unanimidad, y  como ejemplo, al caso que nos ocupa, la calle Jardines —que durante la dictadura se denominó oficialmente del General Primo de Rivera— pasó a llamarse de García Hernández. El paseo de la Estación, —de Alfonso XIII durante el mismo periodo—, se cambió por el de Pablo Iglesias; el paseo de la estación larga que hasta aquel día se llamó Avenida del Príncipe de Asturias, se transformó en Avenida de la República. La segunda república española  iniciaba su andadura; un camino plagado de ilusión pero también de sombras e incertidumbres.

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IMAGEN.— Ilustración realizada a partir de una fotografía con escasa resolución de Manuel Semprum y Pombo

22 de junio de 2014

Juan Carlos I y Felipe VI o la continuidad de la Monarquía del Movimiento


«[...] Pero la obra del Caudillo no termina ese 20 de noviembre; la obra del Caudillo sigue, porque una de sus mayores preocupaciones para el futuro del pueblo español fue siempre buscarle continuidad al desarrollo emprendido aquel 18 de julio.

No podemos olvidar que el 23 de julio su Alteza Real el Príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón, juraba ante las Cortes Españolas lealtad al Jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y a las demás leyes fundamentales del Reino.

La fecha fue histórica, trascendente para nuestro futuro comunitario, porque en ella se encierra el sentido de la continuidad del régimen y la seguridad de que la obra de transformación a que aludía unos renglones antes se proyecta hacia el futuro con idéntica plenitud y con idéntica capacidad para elevar a nuestro pueblo hacia niveles de justicia, de dignidad y de libertad.

Al decir Monarquía del Movimiento Nacional me refiero a un término políticamente muy preciso. Quiero significar con él tres cosas fundamentales: en primer lugar, que la instauración monárquica llevada a cabo por Franco recibe su legitimidad histórica, su razón de ser del 18 de julio de 1936. Ya lo dijo el Caudillo: en modo alguno se trata de una restauración de sistemas, sino de una instauración, de forma política de nueva planta, caracterizada por sus mecanismos de estabilidad interna y, por tanto, la más capaz de prolongar en el tiempo y el los frutos el ciclo de paz creadora que España vive y al que debe sustancialmente su proceso de recuperación y presencia histórica.

En segundo lugar, la Monarquía del Movimiento Nacional se caracteriza por la participación que en ella tiene la sociedad española, y en tercer lugar porque cuando hablamos de Monarquía del Movimiento aludimos a una realidad íntimamente ligada con los planteamientos esenciales de nuestro sistema. Por tanto, de una realidad política querida, buscada desde los orígenes del nuevo Estado y asistida en dos referéndums por el favor expreso del pueblo, en actos de corroboración a las lineas maestras de la política de Franco.

[...] Lo que es evidente es que nosotros, los herederos de esa magistral función de gobierno tenemos en nuestras manos la posibilidad de continuar todo el proceso de desarrollo, de paz y de bienestar si entendemos que en la unidad entre las tierras y los hombres de España está la llave de la puerta que nos dejó abierta nuestro Generalísimo y Caudillo de españoles».

[Ángel Arroyo Soberón. Alcalde de Getafe (1974-1979). Getafe, Boletín de Información Municipal. Núm. 11. Noviembre de 1975.]

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NOTA.- El texto  no necesita demasiadas aclaraciones. El alcalde de Getafe habla de la 'magistral función de gobierno'  en la que 'Generalísimo' impuso una instauración y  vendió la burra a los españoles, antes y después de muerto.  El 'Caudillo' eligió al príncipe de España que le salió de las criadillas. El flamante 'Príncipe de España' era hijo de Don Juan de Borbón, tercero en la linea de sucesión del 'depuesto' Alfonso XIII.  El  'Principe de Asturias', hemofílico como muchos de los Borbones en esa época, renunció a sus derechos por casarse con una plebeya. ¡Menudos tiempos!. El segundo en la linea sucesoria, Jaime, era sordo mudo y le obligaron a renunciar estando ya en el destierro. En resumen, que Franco hizo lo que quiso, y al pueblo solo le queda aceptar al pulpo como animal de compañía que empieza por p.  La monarquía del Movimiento Nacional se consolida. No piense el lector que se trata de una proclama republicana, pero ¿no debería, Felipe VI, ratificar con un nuevo referéndum la voluntad de los españoles? No digamos que se presenten a la elección y compitan  todos los Borbones con pretensiones dinásticas, incluso las hijas o  los [presuntos] hijos bastardos de Juan Carlos I. Tengamos —si queremos— un rey, un nuevo monarca no elegido, pero sí ratificado. Al fin y al cabo,  el suyo es un privilegio de sangre, una herencia que nos viene impuesta a todos los españoles que no votamos en aquellos refrendos.

20 de junio de 2014

Cuando el rey Felipe admitió que dos hembras valían por un varón


Francisco de Moya, vecino de Getafe en el primer tercio del siglo XVIII,  tenía nueve hijos vivos, cinco varones y cuatro hembras. El bueno de Paco, al que apenas le daban las tierras para alimentar tanta boca, supo de alguna manera que además de los hidalgos de sangre que mantenían magros privilegios, estaban los hidalgos de bragueta. Y él, si se atendía solo a eso, tenía un noble entre las piernas, un auténtico y duro hidalgo, él era un semental getafense. Sin embargo, para acceder a los privilegios no era suficiente con haber hecho parir a la mujer nueve hijos vivos, además de los cuatro o cinco que murieron a causa de las muchas penalidades y enfermedades. Era necesario que fueran siete los hijos varones, consecutivos y de un solo matrimonio. Las hembras no valían; aunque sus hijas cocinaran, limpiaran, segaran y, llegado el caso, condujeran la carreta con la yunta de bueyes o de acémilas mientras sus hermanos roturaban los yermos parajes de Santa Quiteria o en la 'tierra grande de San Marcos'..

¿Pero porqué? ¿Qué norma era aquella que dejaba a las mujeres sin valor?

La condición de hidalguía era muy apetecible pues libraba a los afortunados de las condenas que pesaban sobre el pueblo llano, las 'pechas' y trabajos concejiles [plantación de árboles, limpieza de arroyos, y otros que dictaban los numerosos inspectores y 'visitadores' reales]. Además, durante la reciente guerra de sucesión, fue constante el trajín, las  idas y venidas, de los dos ejércitos contendientes; uno a favor de Felipe V y otro en contra. Unos para arriba y otros para abajo. Y los pobres, pagando las consecuencias. Doce años de contienda era muchos. Durante los desplazamientos, sea en Getafe, o en cualquier otro pueblo, los mandos, los oficiales y los soldados debían recibir aposento en los edificios públicos y en las casas de los vecinos. Salvo que  la sangre o la hidalguía adquirida lo evitaran. Imagina, lector, dos sargentos de las tropas francesas, o de las austracistas, cohabitando un tiempo indeterminado con sus cuatro mozuelas...

En 1734, Francisco de Moya se armó de valor y requirió el testimonio del escribano municipal para acreditar la abultada descendencia;  y con ese 'certificado' mandó un escrito a la corte solicitando al rey Felipe V la exención de contribuciones y cargas concejiles en base a la presunta hidalguía conseguida en la cama; Paco no se atrevió a subrayar, además, que casi todo el mérito era de su mujer, aunque desgraciadamente no tenemos el dato para concederle, al menos, un momento de fugaz fama digital.

La respuesta del rey no tardó en llegar. El 14 de diciembre de 1734, se expidió la real carta que literalmente decía: «Por lo cual queremos  y mandamos que mediante ha constatado que el dicho Francisco Moya de Marcha tiene los dichos nueve hijos vivos, los cinco varones y las cuatro hembras, sea libre y exento por todos los días de su vida de cargas y oficios concejiles, cobranzas, huéspedes, soldados y oros, y aunque después le falte alguno de sus hijos o hijas es nuestra voluntad se le continúen las exenciones referidas y por los día de su vida. Y lo cumpliréis pena de nuestra merced [multa real] de 30.000 maravedies para nuestra Cámara».

Los alcaldes y la justicia de Getafe acataron lo dispuesto por Su Majestad y otorgaron a su prolífico convecino las exenciones que había recibido de la real mano. No era grato pues las poblaciones pechaban en proporción al número de vecinos y las exenciones de los  hidalgos debía ser asumida por el resto. Pero a Paco, eso, no le importaba. Otros vecinos pedía privilegios como la «exenciones del recién casado» por el que en los cuatro años siguientes, se eximía al protagonista de todos las cargas y oficios concejiles en el aniversario de boda para «favorecer la multiplicación». Se incentivaba la familia numerosa; ¡y de qué forma!

¿Pero fue realmente el rey el que corrigió la norma? ¿Felipe V 'aceptó' que cuatro hembras valían lo mismo que dos varones? El el año 1734, el primer rey de la casa Borbón, cumplía con su segundo reinado. Es el único monarca que ha reinado dos veces. A principios de 1724, igual que ahora Juan Carlos I, Felipe V abdicó la corona en favor de su hijo Luis I; un rey bastante desconocido que falleció prematuramente el 5 de septiembre de ese mismo año, dando lugar al reinado más efímero de la historia de España.

Así que Felipe V reinó dos veces. La primera como el original Felipe V, llamado 'el animoso' aunque el sobrenombre es algo 'optimista'. Dice el refrán que segundas partes nunca fueron buenas. Y más, como en este caso, si el protagonista pierde a su hijo y heredero. Ya no volverá a ser el mismo. Algunos historiadores han visto la abdicación de Felipe V no solo guiada por motivos  religiosos sino por la depresión y la locura que le aquejó hasta el fin de sus día. El 'Felipe V bis' es, en su triste estado, un rey consorte. La reina, Isabel de Farnesio, hizo famosa a fuerza de usar la frase «el rey y yo» como eslogan de una monarquía dual.

Ahora, sí; todo [nos] cuadra. Somos «la reina y yo» los que consideramos que dos mujeres suman lo mismo que un varón; o dicho de otra manera y simplificando la fórmula, que una mujer vale lo que medio hombre. Y ya era, habrá que resignarse, un avance para su tiempo y para la mentalidad de una clase acostumbrada a la moda italiana, a los oropeles y al lujo. En el cuadro de la familia real que reproducimos, arriba en el balconcillo, se asoman los músicos, tocando quizás alguna pieza instrumental de Farinelli 'il castratto' o, tal vez,  una romanza con la letra escrita por Metastasio, músico y poeta utilizados por la reina para 'curar' el alma del rey.

Si aún aplicáramos la misma regla, aplicada a la sucesión dinástica,  y  que en parte se mantiene, el rey  Juan Carlos I, `el cazador'  tuvo, primero, dos hijas, y luego un hijo. El mismo valor a la ecuación. Dos igual a uno. Y si todo fuera como debiera, la nueva reina sería Elena... ¿No? ¿Porqué no se ha corregido aún la ley sálica? El nuevo monarca, Felipe VI, tiene dos hijas hembras; Leonor, la Princesa de Asturias, y su hermana la infanta Sofía. ¿Sumarán uno también o serán, por fin, dos?


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IMÁGENES:

La familia de Felipe V. 1743. De Louis-Michel Van Loo. Museo del Prado. En el cuadro, pintado casi 20 años después de la muerte de Luis I,  aparece el rey Felipe V sentado junto a su segunda esposa Isabel de Farnesio; de pie está el príncipe de Asturias, Fernando VI, hijo del rey y de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya; detrás su esposa, Barbara de Braganza y su hermana Maria Ana de Victoria, princesa de Brasil. La reina está rodeada de sus hijos el infante cardenal Luis de Borbón y Felipe, duque de Parma junto a su esposa Luisa Isabel de Borbón (hija de Luis XV). Al lado están las infantas María Teresa, casada con el 'delfín' de Francia, y María Antonia Fernanda,  más tarde reina de Cerdeña. Cierran el grupo, a la derecha, el futuro Carlos III,  y su esposa María Amalia de Sajonia.
En primer término, juegan con un perro, las infantitas Isabel, hija de los duques de Parma, y María Isabel, hija de Carlos III. El parecido de una de ellas con el perro es extraordinario. Siempre se ha dicho, aunque el can sea un can real, y la niña infanta de España.


BIBLIOGRAFÍA:

El Getafe del siglo XVIII. José Fariña Jamardo.
Museo del Prado. 
De los elogios a Felipe V. Ricardo García Cárcel.
Wikipedia.

18 de junio de 2014

Señor secretario


José Fariña Jamardo es otro de los 'hijos adoptivos' de Getafe. Nació el 26 de abril de 1919 en Caldas de Reis (Pontevedra). Sus primeros recuerdos estaban ligados, allá en su aldea, con la situación de la España de aquel tiempo; en una entrevista que le hizo la revista Madrygal, aseguró que su memoria empezaba con el final de la guerra de Marruecos a través de las imágenes de sus vecinos cuando salieron a la calle 'vestidos de mouros', llevando en medio a un pelele que representaba a  Ab-el-Krim, esposado, cantando aquello de 'Ab-del-Krim esta herido de un balazo que le dieron. Calla, calla alecrín que poco mal te hicieron'. Su infancia pasó en el transcurso de la dictadura de Primo de Rivera y los vaivenes de la Unión Patriótica. La república llegó a su aldea natal como preludio de un carnaval sangriento. En febrero de 1936, el 'Entroido' gallego se politizó de manera singular. Las típicas máscaras salían a la calle con propaganda de uno u otro bando. «El 'alzamiento' produjo un miedo enorme, muchos crímenes y persecuciones», aseguraba Fariña Jamardo.

En el trascurso de la guerra civil movilizaron su quinta y tuvo que incorporarse al ejército 'nacional'. Estuvo en Aravaca  y en la Ciudad Universitaria. Al final de la contienda ingresó en la Academia de Alféreces Provisionales de Granada, obteniendo esa graduación y siendo destinado a las Islas Baleares.

En el año 40, estando destinado en Galicia, se 'apuntó' a unas plazas de magisterio que salieron y, sacándolas, claro está,  le mandaron a Gijón para hacer prácticas. Los vencedores  imponían no solo la historia; también a los maestros. En el año 42, de nuevo, se incorporó al ejército, a la vez que  empezaba los estudios de derecho.

Su destino quedará marcado a finales de 1945 cuando aprobó la oposición para Secretario Municipal. Al finalizar los cursos en la Escuela de Administración Local, cogió plaza en Carbia, hoy perteneciente a Vila de Cruces (A Coruña). Casi de inmediato se casó con María Elena Tojo Barreiro, una maestra gallega, hija de maestro, con la que convivió toda su vida y que le sobrevivió sólo unos meses.

En Carbia estuvo hasta el año 49, hasta que le dieron la plaza en O Carballino, donde permaneció diez años. O Carballino es  uno de los municipios más estrechamente ligados a la trayectoria de Fariña Jamardo. Allí florecieron sus dos vocaciones. La literaria y la administración local. Empezó a escribir, unas veces en castellano y otras en gallego, en el semanario 'Ambiente', órgano de Acción  Católica. También publicó su primer libro de versos, 'Carballino' y creó el Boletín de Información do Concello donde se daba cuenta de la actividad municipal más árida, gastos, ingresos o sesiones, hasta el 'Noticiario Municipal' con un cierto carácter literario. Fariña Jamardo era el fundador del periódico y su único redactor.

A punto de empezar la década de los sesenta, en febrero de 1959, aceptó un empleo en una empresa privada en Madrid. Durante una década fue director administrativo en Madrid de Barreiros Diésel, y luego de Chrysler España. Al mismo tiempo le concedieron la secretaría de Cáceres, optando por solicitar la excedencia para no desplazarse a Extremadura. En el año 1970 volvió a la administración local consiguiendo plaza en el municipio de Corral de Almaguer.

En 1973 llegó a Getafe tras obtener la plaza de secretario del Ayuntamiento de Getafe.  Al poco tiempo sería designado alcalde Angel Arroyo Soberón, figura clave, con quien transitaría desde la dictadura hasta la democracia en una transición municipal que finalizó con la elección de Jesús Prieto de la Fuente.

Fariña Jamardo, como había hecho en Carballino, demostró que lo suyo y la prensa, la crónica y la historia era una cuestión de vocación personal que compartía con el conocimiento de la Administración Local.

En enero de 1975, con el dictador aún en vida, el Ayuntamiento de Getafe inició la publicación de un boletín de información muncipal bajo el título de 'Getafe', subrayando el topónimo con el calificativo de 'Centro y Corazón de España'. El impulsor de la iniciativa y director fue el secretario del Ayuntamiento, José Fariña Jamardo.

Fotografía usada como portada
para el  libro La población de Getafe  (1984)
Era una época de aluvión humano  y disgregación cultural. La población de Getafe a medidos de los años setenta estaba formada por un aluvión de distintas regiones que se fueron asentando en una simple y descuidada ciudad dormitorio del área metropolitana; el 70 por ciento de los vecinos habían nacido fuera de Getafe. El nuevo boletín  municipal potenciaba secciones históricas como las Notas sobre el Getafe del siglo XVI, que Fariña Jamardo inició en octubre de 1976, 'Del antiguo Getafe' o 'Hace 100 y 50 años'. José Fariña Jamardo valoraba positivamente el trabajo que se realizaba en el Boletín Munincipal, según indicó en el prólogo de uno de sus libros,  y que era posible «gracias a los 'entusiastas' investigadores locales como el párroco de la iglesia de la Magdalena, Rafael Pazos Pría, Manuel de la Peña, Marcial Donado e Isabel Seco».

El apoyo de Ángel Arroyo Soberón y las buenas relaciones del primer edil en el seo de la Diputación de Madrid, consiguieron que Fariña Jamardo  publicara dos estudios: La población de Getafe y El getafe del siglo XVIII al que "dedicó tres años de su tiempo libre", un trabajo que él mismo calificó en el prólogo como una 'historia singular, atípica y, por su origen, municipal y espesa, parodiando al poeta nicaragüense. ["La arquitectura del modernismo es laberíntica, la esctulrua teratológica, la pintura difusa, la música estrepitosa y barahúnda, y la poesía anárquica y algarabía".  'Almas niñas, versos novos. Atrio de José Zahonero. Peristilo de Vicente Casanova. Cripta de Sinesio Delgado. Y... no va más', obra de Quintiliano Bueno, en la que se parodia el modernismo de Rubén Darío].

El 9 de diciembre de 1976, José Fariña Jamardo, sin ser Cronista Oficial, participó como ponente  en la la primera reunión fundacional de la Asociación Española de Cronistas Oficiales (AECO) que tuvo lugar en Toledo.

El Pleno del Ayuntamiento nombró Cronistas Oficiales de la Villa de Getafe a Ángel del Río López el 6 de septiembre de 1977, y a José Fariña Jamardo y a Manuel de la Peña Rodríguez-Martín el 6 de marzo de 1978. Apenas tres meses después, el 24 de junio de 1978 se constituyó la Asociación Española de Cronistas oficiales de  en la que  “participaron personalmente 27 Cronistas y otros 38 lo hicieron mediante delegación”. Según Manuel de la Peña, en su crónica de la referida Asamblea: “Primera Asamblea de Cronistas Oficiales”, publicada en la revista Impacto Municipal de Getafe asistieron 35 Cronistas. Allí, de una manera u otra, en una asamblea o en la otra, estaban los tres flamantes cronistas oficiales de Getafe.

José Fariña Jamardo, el primero por la derecha de la fila inferior, posando tras
la constitución de la Asociación Española de Cronistas Oficiales 


El Boletín de Información Municipal vivió una época dorada con artículos de los investigadores locales citados, además de los  suyos que servirían como base para la publicación de los libros sobre Getafe. Fariña  Jamardo era el 'alma' de la publicación que se completaba con el artículo en portada del alcalde y las numerosas colaboraciones del edil Sebastián Carro Sánchez. Fariña indicó el camino y otros, como Carro lo recorrió de principio a fin, descubriéndose públicamente como un auténtico 'animal político', incansable cronista y vecino reinvidicativo, aunque mal poeta. Allí estaba el germen de lo que luego fueron el periódico Acción Getafense o la Nueva Gran Piña.

Tras las elecciones municipales de 1979 y la llegada de Jesús Prieto como alcalde, el boletín municipal cambió de tercio. Ahora incluye nuevas secciones y artículos como Correspondencia entre Pablo Iglesias y Enrique de Francisco (1910-1924). «Aunque parezca mentira, ... decía al principio el articulo firmado por Victor Manuel Arbeloa, presidente del Parlamento Foral de Navarra. [Enrique de Francisco Jiménez nació en Getafe el 1 de mayo de 1878, iniciándose en la logia masónica Iberia de Madrid el 9 de febrero de 1905 con el nombre simbólico de "Carlos Marx"; de Francisco era dependiente de comercio].

La transición [democrática] municipal en uno de los pueblos más importantes y luchadores del llamado 'cinturón rojo' de Madrid estaba hecha. En Getafe había un alcalde socialista. Y la etapa de Fariña Jamardo en Madrid se había acabado. En 1981 fue nombrado secretario de la Diputación de Pontevedra, dejando atrás los ocho años que pasó en Getafe.

El 18 de diciembre de 1981, la Junta Directiva de la Real Academmia de la Historia  le eligió como miembro 'correspondiente'  por la provincia de Pontevedra. La categoría de Académico correspondiente se creó el 23 de marzo de 1770 para historiadores de mérito que residiesen fuera de la Corte o en el extranjero.



En 1983, al resultar elegido al frente de la Diputación de Pontevedra, Mariano Rajoy  contó probablemente con el mejor organigrama administrativo que tuvo nunca aquella institución, y esa circunstancia le facilitó mucho su labor presidencial. Fariña Jamardo había dejado definitivamente de ser José para ser Xosé. Fariña era el tipo perfecto para la misión; estaba curado de espanto y tenía más que cumplidas sus expectativas profesionales tras jalonar una brillante trayectoria en la administración pública y en la empresa privada.

Xosé Fariña Jamardo, en el año 2005
Rajoy había coincidido anteriormente con Fariña en la Mesa del Parlamento de Galicia, donde ejerció como primer oficial mayor, función que simultaneó con su trabajo en la Diputación de Pontevedra. Su doble condición de renombrado especialista en Administración Local y de reconocido galleguista valió a Fariña aquella encomienda especial cuando la Xunta echó a andar. Allí se jubiló en 1986.

Dos años antes el Ayuntamiento de Getafe reeditó el libro 'La población de Getafe (1497-1982)'. Era alcalde Pedro Castro Vázquez. El diseño de la portada recayó entre mis ocupaciones en aquella época (1984) dentro del 'incipiente' gabinete de diseño gráfico al que me trasladé tras abandonar la Delegación de la Juventud y el área de Casas de Juventud que dirigí durante un tiempo. La fotografía fue tomada por Antonio Sansegundo.

Fue, además de lo narrado,  Vicepresidente del Colegio de Secretarios de Ourense, Presidente del de Madrid, secretario y luego Presidente del Colegio Nacional de Secretarios, Interventores y Depositarios de España, profesor y jefe de estudios del Instituto Nacional de Administración Local, Oficial Mayor del Parlamento de Galicia, durante su constitución y primera etapa;  con posterioridad fue nombrado Asesor. Hasta su muerte formó parte como académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, y fue miembro de número del Instituto de Estudios de Administración Local. Y eso, si no se nos queda nada entre la documentación consultada. El Ayuntamiento de Getafe le nombró Hijo Adoptivo y Cronista Oficial. Varios municipios gallegos han dado su nombre a calles en recuerdo de nuestro querido y prolífico señor secretario.

Xosé Fariña Jamardo falleció el 19 de agosto de 2008.











OBRA PUBLICADA:

Instrucciones a los alcaldes de barrio y celadores para el mejor desempeño de su función. Antúnez. Pontevedra. 1948.
Señor Secretario. Premio Certamen de novela. 1955.
Carballino. Poemas o exito vello pra unha vila nova. Gallego. Carballino. 1957
Mosaico municipal. Certamen. 1961
Guía de Carballino.  Rústica. Numerosas fotografías en blanco y negro. por Rizo Publicidad. 1961.
Historias de la Brea. Novela. En castellano. 1964.
Pepiño. Premio Valle Inclán de novela. Delmo libros. Madrid. 1966.
Co sorriso nos beizos. Cuentos. En Gallego. Edit. Galaxia. Vigo. 1969.
A flor de piel. Rosas Bayer. Barcelona. 1969.
O mesón do birollo. Nos. Buenos Aires. 1971.
Señor Secretario. Tercera Edición. Certamen. 1974.
La parroquia rural en Galicia. Premio Marqués de Carbó. Insituto de Estudios de Administración Local. Madrid, 1976.
La vida municipal es así. Municipalia. 1976.
 A persoalidade da parroquia galega. SEPT. Vigo. 1976.
La balada del wolfram. Novelas y cuentos. Editorial Magisterio Español. Prólogo: M. Blanco Tobio. Ilustrado con una fotografía del autor. Madrid. Madrid. 1977.
Agonía y muerte del Municipio rural. Certamen. 1977.
El Getafe del siglo XVI. Cisneros. Madrid. 1978
La población de Getafe. Diputación. Madrid. 1978.
A Liña.Carballiño- Ribadavia, treinta y oito minutos. En gallego. Novela. Alfer. Vigo. 1980.
El habitat gallego. Diputación de A Coruña. 1981.
A feira do Carballiño. En gallego. Novela. Alfer. Vigo. 1981.
La población de Getafe. Ayuntamiento de Getafe. 1981.
El Getafe del siglo XVIII. Ayuntamiento de Getafe. 1981.
Concellos abertos na Limia. Xunta de Galicia. 1982.
La población de Getafe: 1497-1982. Reedición. Ayuntamiento de Getafe. 1984.
Tiroliro a sete voces. En gallego. Novela. 1984.
—La entidad local menor y su proyección en Galicia. 1985
El pequeño mundo de la vida local. Artículos. Diputación provincial de Pontevedra. 1986
La Diputación de Pontevedra: 1836-1986. 1986
O nacemento dos axuntamentos da provincia de Pontevedra. En gallego. Premio Diputación y Losada Diéguez.
A parroquia rural en Galicia. En Gallego. 1986.
A Deputacion de Pontevedra: 1836-1986. En Gallego.  1986.
Golfaróns de sangue. Novela. En gallego. Ediciós do Castro. 1989.
Os Concellos galegos. Parte xeral. En Gallego.  1991.
Os Concellos galegos. Parte Especial. En Gallego.  1993
Nacemento, evolucion e desnreolo dos concellos pontevedreses. En Gallego.  1998.
Historia de las Rías. Editado por El Faro de Vigo y la Fundación Caixa Galicia.
Pepiño. Reedición de la novela en gallego. 2003.
Coa alma espida. Poesía. En gallego. 2003.
Unha vida calquera. Novela.  En gallego. 2006.
Memorial de Xoaquín Pérez. Novela publicada tras su muerte. 2010

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Sobre artículos publicados en prensa o revistas, el Ruiz del Castillo (1969), el de O Centolo de ouro (1972), Pontevedra, Capital de las Rías Baixas (1975), Julio Camba (1984), La flor de la Camelia (1985) y el Premio Galicia de Xornalismo, otorgado por la Xunta en 1985. Sus colaboraciones prensa y revistas fueron muy numerosas, lo mismo que en conferencias, pregones, folletos, en especial sobre historia local. En 1982 le fue concedido el premio  Otero Pedrayo al conjunto de su obra.




11 de junio de 2014

Joaquín López Puigcerver, 'hijo adoptivo' de Getafe y diputado invencible


¡Qué les pasa los de Getafe! Otro político ilustre ligado a este municipio, esta vez 'adoptado', no nacido por estas tierras, que fue Ministro de Hacienda y Gobernador del Banco de España. Se trata de Joaquín López Puigcerver.

Nuestros generosos lectores habrán notado claramente la trayectoria última de este blog con una serie artículos dedicados a personajes, muchos de ellos desconocidos para la mayoría de los vecinos, 'hijos ilustres' de esta villa o nombrados 'Hijos Adoptivos de Getafe'. Gentes que, en muchas ocasiones, no han sido profetas en su tierra, olvidados en el lugar donde nacieron, y que tampoco son recordados en las villas y municipios que los adoptaron. No tiene calle en  ningún lugar de España. ¡Pobre Puigcerver, tan pelotas en cuando ostentabas el poder en vida y tan olvidadizos tras el entierro!

Joaquín López Puigcerver nació en Valencia el 18 de noviembre de 1841 y falleció en  Madrid el 28 de junio de 1906. Abogado y político español, fue ministro de Hacienda, ministro de Fomento, ministro de Gracia y Justicia y ministro de Gobernación durante la regencia de María Cristina de Habsburgo y nuevamente ministro de Gracia y Justicia durante el reinado de Alfonso XIII. Una capacidad  sorprendente por los asuntos tan diversos de los que se ocupó. ¡Un auténtico 'animal político'.

En 1872 resultó elegido diputado a cortes por Santa Fe (Granada); en 1884 por Almería y 1886 por Almería y Murcia, llevando, por consiguiente, acta doble. En los comicios de 1888, 1891, 1893, 1896, 1898, 1899, 1901 y 1903 fue elegio diputado por el distrito de Getafe. Al principio, en los primeros años que se presentó por este distrito, "derrotó a sus adversarios con brillantez, aunque en los últimos ya no tuvo que luchar porque no había quien osase disputarle un puesto en el que se consideró político invencible", según recoge la nota necrológica aparecida el día 5 de julio de 1906 en el Heraldo de Gerona, periódico propiedad del diputado por aquella circunscripción y amigo del finado, Jaime Roure y Prats.

Siempre estuvo afiliado a los partidos liberales demócratas, conservándose fiel a la bandera de Sagasta. Tras la muerte del Sagasta se situó junto al nuevo jefe del partido, Montero Ríos. La prensa amiga consideró que "hizo mucho y bueno" en el desempeño de las funciones que tuvo a su cargo.

En 1894, tras asumir el ministerio de Fomento, reformó el plan de estudios del Bachillerato. Y a pesar de ser un ministro liberal introdujo en ese plan de estudios la asignatura de Religión; eso sí, como optativa. Esta modificación sirvió de caballo de batalla ideológico entre conservadores y liberales. Unos que la querían obligatoria y otros optativa. Una pelea de católicos contra laicos, el principio de la polémica clericalismo-anticlericalismo.

En el mes de marzo de 1898, en las elecciones a diputado por el distrito de 'Jetafe', el editor del periódico La Crónica de los Carabancheles, afín a Enrique López de Puigcerver, se acercó hasta el municipio  para seguir el escrutinio aunque en la siguiente edición escribió: "Para nadie era de dudar el triunfo de 'nuestro candidato'; así que aquí debieramos concluir nuestra crónica de este día"; el periodista reconocía, sin embargo, que era una buena ocasión para hablar con los hombres influyentes de la región, sus tendencias, aspiraciones y propósitos.. De los 9.681 electores del distrito votaron 8.428, de los cuales 8426 'optaron' por el 'invencible diputado de Getafe'.

Después de dar cumplimiento de las obligaciones del escrutinio y proclamación del candidato, se pasó a dar cuenta a la necesidad natural, la satisfacción gastronómica que  la Unión Jetafense ofreció en forma de banquete. No estuvo el hijo predilecto, asistiendo en su representación el diputado Sr. Romero junto al alcalde Aquilino Herrero, al letrado y 'rico propietario' Gregorio Sauquillo, Luis Herreros, César del Pozo, juez municipal, Antonio Lafuente, registrador de la propiedad y Victoriano Hurtado.
El menú, soberbio y delicadamente servido, hizo honor a la acreditada cocina del inteligente fondista Antonio Herráez, dueño del Café del Círculo.En los brindis, los representantes de Getafe, Leganés, Valdemoro, Aranjuez o Pinto alabaron la figura del diputado e hicieron referencias a la prensa 'amiga', la Crónica de los Carabancheles  y La Voz de la Verdad de Pinto. La crónica periodística acababa con el texto del telegrama enviado por  todos los destacados políticos locales con el testimonio de su consideración y estimación personal.

El final de la guerra de Cuba le sorprendió como ministro de Hacienda. El desastre del 98, mirado desde el punto de vista 'patriótico', no fue tal desde una perspectiva económica. Gracias al dinero recibido  por la venta de los restos del imperio español, la deuda exterior quedó bastante aminorada y pagando un interés muy reducido sin tener que acudir al empeño, como se había pensado inicialmente, de otros recursos nacionales como las minas de Almadén. Joaquín Lopez Puigcerver hizo frente a la angustiosa deuda de una nación que se había gastado durante la guerra unos 3.000 millones de pesetas, una cifra equivalente al presupuesto nacional de cuatro años.

A principios del verano, en julio de 1898, la guerra estaba perdida. El enorme crédito contraído con los prestamistas extranjeros se complicó durante la negociación del Tratado de París cuando las potencias triunfadoras impusieron  no solo la pérdida de todas las colonias —Cuba, Puerto Rico, Filipinas, las Carolinas y las Marianas — sino el rechazo de la llamada deuda cubana. Una cantidad que España esperaba cobrar de la isla pero que Estados Unidos vetó porque —según quedó 'acordado'— no había sido consultada ni aceptada por el pueblo cubano.

El ministro Enrique López Puigcerver y Estanislado García Monfort, director general de deuda, diseñaron e hicieron frente al más duro recorte de gastos y aumento de impuestos que recuerda la historia financiera de España. El ejercicio fiscal de 1898/1899 es a día de hoy todo un ejemplo de apretón del cinturón; para los pobres, sobre todo. Pero así, en marzo de 1899, cuando pasaron el testigo de la Hacienda pública a manos de Raimundo Fernández Villaverde, el camino trazado y, en apenas unos años España pudo abordar con el nuevo siglo un nuevo ciclo económico, de crecimiento.

Con todo, el sufrimieno de la sociedad española por las consecuencias económicas del desastre también fue histórico. El capítulo principal de los ajustes fiscales, como de costumbre, recayó sobre el consumo olvidándose de las rentas más altas, lo que gravó de manera especial los alimentos. Las protestas públicas no se hicieron esperar. La noticia más repetida en la prensa nacional durante el primer cuarto de siglo en España, además de las nuevas guerras iniciadas en el norte de Marruecos, era el aumento del precio del pan.

Mientras López Puigcerver estuvo al frente de la política económica se le criticó duramente haber depreciado la peseta en un momento en que ésta era una de las monedas más fuertes. López Puigcerver fue también director de Tabacalera y gobernador del Banco de España. En los últimos años de su vida, enemistado con sus compañeros y con el propio Sagasta, se pasó a las filas del Partido Conservador.

Se había casado con María Nieto y Pérez, hermana de la Marquesa de Guadalerzas, por la sierra toledana. Al fallecer la cuñada sin descendientes, el título pasó al hijo de Joaquín López Puigcerver, José Luis López-Puigcerver y Nieto, IV Marqués de Guadalerzas.

Además de ateneísta y conferenciante, sobre todo de temas de administración y ciencia económica, López Puigcerver mantuvo su despacho de abogado abierto, defendiendo clientes particulares como era costumbre de los bufetes de los políticos de la época.

Además de los cargos citados Puigcerver desempeñó otros cargos como presidente del Consejo de Instrucción Pública, presidente de la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia, miembro de la Junta de Beneficencia o Consejero de Estado.

Estaba condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica, la de la Concepción de Villaviciosa de Portugal, de la Estrella Polar de Suecia y otras. Había sido nombrado "hijo adoptivo" de Getafe, de Carabanchel y Leganés, Murcia, La Unión y Calonge (Gerona).


10 de junio de 2014

Unos gamberros de Leganés destrozan 40 árboles


¡Bárbaros!... ¡Qué daño les causarían los pobres e inofensivos arbolillos.

Vamos a ocuparnos de un hecho, cuyo conocimientos nos ha causado pena.

Tanto por lo que el hecho es en sí, cuanto por afectar a un pueblo cuya cultura tenemos recibidas fehacientes pruebas.

Pero nunca, ni en ningún pueblo, faltan salvajes, cuyos perversos instintos se evidencian con actos como el que vamos a referir.

Nos escribe uno de nuestros corresponsales:

"... Varios mocitos de Leganés, que regresaban de Getafe la madrugada del 30 de mayo, de ver los fuegos artificiales quemados con motivo de las fiestas de ese pueblo, tuvieron la mala idea de cortar unos cuarenta árboles nuevos, de los que se plantaron en la carretera que comunica ambos pueblos.

El infame destrozo tuvo lugar en los comprendidos en el término de este pueblo, y con tal motivo se instruye sumario en el juzgado de instrucción.

No es la primera vez que esto sucede, pero siempre se desconocía a los autores; y bueno será que alguna vez se siente la mano a esos valientes mocejuelos, pues de las diligencias que se han practicado, y de las noticias que nos hemos procurado, son muchos y conocidos los que figuran como autores del hecho."

Duro con ellos, que el día que veamos en presidio a unos cuantos enemigos de los árboles, la higiene de los pueblos y nuestra riqueza forestal, ganarán no poco.

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TEXTO: Noticia publicada en 'La Crónica de los Carabancheles. Periódico defensor de los intereses morales y materiales de estos pueblos y los del partido de Getafe'. Núm. 33. 5 de junio de 1898 .

ILUSTRACIÓN: Vista de Getafe. 'La Academia.  Revista de cultura hispano portuguesa, latino-Americana' .  Tomo IV. Número 7. 232 de agosto de 1878

5 de junio de 2014

El cuadro desaparecido del General Palacio


La actividad del cronista, del periodista o del escritor, —en algunas ocasiones — deriva en una actividad  más cercana a la arqueología urbana que a la historia. Este es uno de esos casos en el que hace dos años perseguimos un objeto artístico cierto pero del que se ignoraba el paradero.

El General Palacio era, hasta hace un par de años, simplemente uno de los lugares más emblemáticos del Getafe. Un personaje sin rostro. Y sin historia. Nadie conocía los hechos de armas del fiero militar que se bragó en cuanta guerra estuvo implicada España desde mediados del siglo XIX. Romualdo Palacio fue, además, gobernador de Puerto Rico en el año 1887, conocido desde entonces como el 'año triste' de Puerto Rico. El general Palacio es conocido en la isla como el 'General Componte'. Ya tratamos su historia en profundidad en el libro 'Crónica de un viaje al ayer' donde descubrimos su rostro gracias a la fotografía del cuadro realizado por Morelli y la publicación de algunas fotografías inéditas aportadas generosamente por la nieta del general, Dña. Dolores Alba Palacio. El General Romualdo Palacio y González era 'Hijo Adoptivo' de Getafe y del municipio puertoriqueño de Aibonito.

Firma del General Palacio
Palacio tenía una gran casa y una 'finca de recreo' con fachada a la calle Juan Tolo, actualmente Ramón y Cajal, y que llegaba hasta la calle Madrid en la misma plaza de La Feria. Siendo Director General de la Guardia Civil realizó distintas gestiones que trajeron al pueblo algunas dotaciones como el Depósito de Recría de Potros y Doma para la Remonta del Instituto. Este centro, cuya organización detalló Palacio, pretendía cubrir las bajas, mejorar la doma y adaptar la cría de la ganadería equina a las necesidades de la Guardia Civil y estuvo ubicado a las afueras del pueblo, en dirección a Toledo, en los terrenos que hoy son las calles Emperador, Guipúzcoa y Lisboa.

El 20 de abril de 1895 se aprobó la creación del Colegio de Transformación de Sargentos a Oficiales de Carabineros y Guardias Civiles en Getafe que en un principio se ubicó en las dependencias del Hospitalillo de San José. La circular, firmada por la regente y por el Ministro de la Guerra, Sr. Azcárraga, detallaba el programa de estudios de los aspirantes.

El Pleno del Ayuntamiento de Getafe celebrado en sesión extraordinaria el 27 de noviembre de 1895, bajo la presidencia del alcalde Laureano Martín Cervera, que ejerció entre julio de 1895 y febrero de 1897, le concedió el título de 'Hijo Adoptivo de Getafe' y  cambió el nombre de la Plaza de la Feria por el de Plaza del General Palacio. El Ayuntamiento de Getafe aprobó un gasto de 500 pesetas para encargar un retrato con su figura

El retrato del General se encargó al también militar y pintor especializado en temas bélicos Víctor Morelli (1860-1936) con un precio fijado de 500 pesetas. Una vez finalizado el cuadro, de dimensiones espectaculares, de suelo a techo de un piso antiguo de Madrid, y entregado a la corporación municipal, se colocó en un lugar preferente del Salón de Plenos del Ayuntamiento.

El autor del cuadro, Víctor Morelli, pertenecía al arma de infantería aunque se pasó a la Guardia Civil en 1887 convirtiéndose en ayudante del General Palacio. Víctor Morelli y Sánchez Gil, nacido en La Coruña, era hijo de un cantante de ópera y de una dama gallega que tras abrazar la carrera de las armas llegaría a ser General inspector de la Guardia Civil. Víctor Morelli mantuvo una profunda relación con la familia de Romualdo Palacio, llegando a convertirse en maestro de pintura de una de las hijas del general, Felisa Palacio.

Estando al frente de la Guardia Civil, Palacio recomendó al Ministro de la Guerra localizar en Getafe algún destacamento o regimiento de infantería o artillería. En 1904, ya jubilado el general Palacio, tomó posesión del mando del Regimiento Ligero nº 4 de Getafe el coronel Ramón García Menacho. Una buena parte de los terrenos que el estado adquirió para el asentamiento de la nueva instalación militar eran propiedad de la familia de otro desconocido general que tuvo casa en el pueblo. La historia de Romualdo Palacio, y su relación con Getafe, no está exenta del inevitable, y siempre presunto, más en un caso como este, de tráfico de influencias y corrupción. Además de su intervención con los terrenos de la Remonta y del Cuartel de Artillería, el General Palacio alquiló su casa de la calle Juan Tolo a la donde se ubicó durante un tiempo el cuartelillo de la benemérita.

Romualdo Palacio y González falleció en Getafe el 7 de septiembre de 1908. El ayuntamiento presidido por su alcalde, Juan Gómez de Francisco, acordó en sesión urgente y extraordinaria «considerar como pérdida irreparable la desaparición de un vecino ejemplar». Se cubrió con crespones negros la placa de mármol en la que figuraba su nombre colocada en la casa que hubo en la Plaza Palacio esquina con la calle de Villaverde, hoy desaparecida. A su entierro, celebrado a las 10 de la mañana del día siguiente en el cementerio de la Concepción, acudieron numerosos jefes y oficiales de la guardia civil.

Tras su desaparición, una parte de su familia mantuvo una estrecha relación con Getafe, incluso abrieron un cine en la finca donde estuvo la casa del General. En el  mes de agosto de 1935, las hermanas Felisa y Tomasa Palacio San Clemente, casada esta última con José Alba Valdecasas, solicitaron licencia municipal para la construcción de un cinematógrafo estable. El proyecto, con entrada por la calle Ramón y Cajal, estaba firmado por el arquitecto Antonio Sala; el aparejador era Antonio Galeote Lázaro. En los planos de la fachada el arquitecto rotuló el nombre de Cine Alba aunque durante las obras realizadas por  los contratistas Juan y Julio Galeote. se cambió por el de Cine Palacio, como fue conocido hasta los años sesenta cuando se corvirtió popularmente en el cine de 'el gordo'. 

El retrato del recio militar observó el devenir del Ayuntamiento durante el primer tercio del siglo XX. Se cuenta —creo que fue el cronistas Manuel de la Peña— que una vez existiendo un empate sin solución en alguna votación propuesta, el alcalde de turno le asignó al general el voto de calidad y aprobó así la moción.

A principios de 1936 se produce la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones generales el día 16 de febrero que gana el Frente Popular. El 21 de febrero cesa el gobernador civil de Madrid,  Javier Morata Pedreño, periodista y fundador en 1920 de Ediciones Morata, editorial que sobrevive aún hoy. El día 24 toma posesión el nuevo gobernador civil de Madrid, Francisco Carreras, 'hombre de Azaña' y exgoberndor civil de Baleares.  El gobierno decide destituir a los concejales de derechas que impuso el gobierno radical-cedista de Alejandro Lerroux el 10 de octubre de 1934 con motivo de la huelga general de día 4 de ese fatídico  mes.

El 15 de marzo de 1936, el ayuntamiento de Getafe fue disuelto, destituidos de sus cargos los ediles y nombrados miembros de una comisión Gestora Municipal. La orden había llegado en un oficio firmado por Francisco Carreras Reura, Gobernador Civil de Madrid. El alcalde, Mariano Benavente, quiso que constase en el acta que "acataba la orden y que en su virtud hacía entrega del Ayuntamiento a los señores designados pero que ni él ni el resto de la corporación ha dimitido, ni dimiten del cargo y consideran arbitraria la aceptación de la dimisión que exigía el oficio". En ese mismo acto dejaban sus cargos, además del alcalde citado, Luis MartínValentín BenaventeMarcelo CerveraEmilio ButragueñoAnastasio DeleytoMiguel de FranciscoLisardo MartínLaureano CerveraFelipe SacristánGregorio Pérez y Eusebio Antón.

Nueve días despues, el 26 de marzo de 1936, en medio de una España convulsionada por la división ideológica y la extrema violencia de un lado y otro, el nuevo órgano rector del Ayuntamiento de Getafe reunido en sesión ordinaria acordó entregar 'en depósito' el cuadro del Romualdo Palacio pintado por Víctor Morelli a la familia del general. El hecho dejaba traslucir la influencia de la familia de los herederos del General Palacio con el sector más republicano y 'azañista' de la España de 1936. Faltaban cuatro meses para que el país se desangrase en una nueva guerra fratricida.

El acuerdo de esa sesión ordinaria de la Comisión Gestora Municipal, dentro del apartado 'Gobernación', dice textualmente: "Da cuenta la Presidencia de que teniendo proyecto de efectuar algunas reparaciones en el salón de sesiones entiende se debía requerir a los familiares del General Palacios (aunque es sin s) para que el cuadro con el retrato del mismo que en dicho salón existe, en evitación de que pueda deteriorarse, se traslade en calidad de depósito al domicilio de los  mismo. Así se acuerda por unanimidad".

En la citada sesión estaban presente los vocales elegidos a dedo por el Gobernador Civil de Madrid, Daniel Ovalle, Francisco Lastra, Óscar Jerez, Gregorio Estévez, Francisco Hernández, Félix Robledo, Luis Tordesillas y Rogelio Martín,bajo  la presidencia de José Tamariz Ruiz de Porras. Para rematar la faena de esos 'gestores', decretaron que las fiestas de Getafe, tradicionalmente celebradas en mayo,  se programaran para el mes de agosto y que se cambiara la denominación de las calles Madrid por Manuel Azaña, Magdalena por Largo Caballero, San Isidro por Eida Álvarez, Plaza de la Magdalena por Mártires de Asturias y Felipe Estévez por Carlos Marx. Finalmente no se cambiaron y se esperó a que empezara la guerra para homenajear a algunos republicanos como Manuel Azaña y Lina Odena en el barrio de la Alhóndiga. El mandato de la comisión gestora finalizó en noviembre de ese misma año cuando tropas que ya habían asolado Asturias en el año 34, como eran una bandera de la Legión y un tábor de las Fuerzas Indígenas de Regulares bajo el mando del Teniente Coronel Tella entraron por a saco por el sur de  la población. Durante la dictadura de Franco, la calle Toledo se denominó Teniente Coronel Tella.

El cuadro permanece, más de cien años después de ser pintado y casi ochenta desde que se entregó a los descendientes del general Palacio, fuera del lugar que le corresponde. Parece tiempo suficiente, casi demasiado, para haber hecho aquellas reparaciones en el Salón de Plenos de la Casa Consistorial. Nadie, salvo los responsables del Archivo Municipal y nosotros mismo, se ha leído el acta y ha denotado la ausencia de un preciado bien mueble del ayuntamiento? Después de la decisión de la citada Comisión Gestora de entregarlo 'en depósito', con la condición de temporalidad que conlleva,  ninguno de los gobiernos municipales posteriores, elegidos a dedo o democráticamente, han reparado en la ausencia de una obra de arte de propiedad municipal y que solo ha visto la luz tras la publicación de nuestro libro 'Crónica de un viaje al ayer' y que, inevitablemente, constituye una parte del patrimonio cultural público de este pueblo. Porque el cuadro sigue existiendo y sabemos dónde está exhibido. La nieta del general Dña. Dolores Alba Palacio, hija de Tomasa, tuvo la gentileza de mostrarnos el cuadro y dejarnos fotografiarlo. A la pregunta sobre si era el cuadro que encargó el Ayuntamiento, nos aseveró que era otro; ¡qué iba a decir! Morelli solo pintó un cuadro del temible 'General Componte'.

Romauldo Palacio, 'Hijo Adoptivo de Getafe' y uno de los personajes más populares de este blog por las búsquedas procedentes de Puerto Rico, debería volver a Getafe. El cuadro de Morelli debe regresar a su ubicación correcta, volver a sus legítimos propietarios: los vecinos de Getafe. Y no tendría que ser el ayuntamiento el que lo exigiera, aunque también. Habrían de ser los propios herederos los que estuvieran interesados en que ese patrimonio artístico y familiar estuviera expuesto a la luz de todos los vecinos e interesados.

Seguramente, clamamos en el desierto; a pesar de la evidencia.




NOTA. Imagen del acta de la Comisión Gestora Muncipal celebrada en marzo de 1936.  Gracias al Archivo Municipal de Getafe.

4 de junio de 2014

Nombran gobernador del Banco de España a uno de Getafe


El 13 de septiembre de 1923, el Capitán General de Barcelona, Miguel Primo de Rivera, se apropio del poder absoluto en España, con la connivencia de Alfonso XIII, conocido como 'El Africano', un desacreditato y vituperado rey al que la sociedad española hacía responsable junto a su camarilla de políticos y militares del fracaso del ejército en la guerra del Rif, y en especial del desastre de El Annual, en la que murieron según las cifras oficiales unos 14.000 soldados, aunque se sospechaba que pudieron ser veinticinco o treinta mil. Y, todo, para mantener los intereses de la corona en las minas del norte de Marruecos.

Se pretendía seguír el ejemplo de Italia donde el rey Víctor Manuel entregó todo el poder a Benito Mussolini, para instaurar un régimen fascista. El dictador español había dicho a modo de justificación:

“Ha llegado para nosotros el momento más temido que esperado de recoger las ansias, de atender el clamoroso requerimiento de cuantos amando la Patria no ven para ella otra salvación que liberarla de los profesionales de la política, de los hombres que por una u otra razón nos ofrecen el cuadro de desdichas e inmoralidades que empezaron en el año 1898 y amenazan a España con un próximo fin trágico y deshonroso (…)

¡Viva España y viva el Rey! No tenemos que justificar nuestro acto que el pueblo sano demanda e impone. Asesinatos de prelados, de exgobernadores, agentes de la autoridad, patronos, capataces y obreros; audaces e impunes atracos; depreciación de la moneda; francachela de millones de gastos reservados; sospechosa política arancelaria por la tenencia y más por quién la maneja hace alarde de descocada inmoralidad; rastreras intrigas políticas tomando como pretexto la tragedia de Marruecos; incertidumbres ante este gravísimo problema nacional; indisciplina social, que hace el trabajo ineficaz y nulo, precaria y ruinosa la producción agrícola e industrial, impune propaganda comunista; impiedad e incultura; justicia influida por la política; descarada propaganda separatista, pasiones tendenciosas alrededor del problema de las responsabilidades (…)"

Una de las primeras decisiones del dictador fue suprimir el Parlamento, elegir a dedo a los diputados que desde ese momento se denominaron 'Asambleístas' y eliminar la denominación de ministro del organigrama del estado. El país estaba inmerso en una crisis económica provocada por la corrupción política, la ausencia en la mayor parte del país de una industria con capacidad para generar empleo, con una red de infraestructuras pública deficientes y un medio rural desolado. Ya habían pasado los tiempos de las vacas gordas, cuando España exportaba trigo, carne y hasta pistolas defectuosas a los contendientes de la gran guerra europea. El precio del pan subía todos los días.

A  finales de ese año de 1923, el General al mando de los destinos de la patria eligió a Carlos Vergara y Cailleaux  para ejercer las funciones de ministro de Hacienda. Al día siguiente, el periódico ABC publicaba la siguiente nota: "A propuesta del jefe del Gobierno, presidente del Directorio militar, de acuerdo con este y de conformidad con lo prevenido en el artículo 2 de mi decreto  de 21 de los corrientes, vengo en nombrar subsecretario del ministerio de Hacienda a D. Carlos Vergara Cailleaux, magistrado del Tribunal Supremo.

El nuevo 'Subsecretario y Oficial Habilitado encargado de Hacienda'  había nacido en Getafe en 1854. Era hijo de Francisco Vergara y María de los Ángeles Cailleaux. Tenía un hermano llamado Marcelo, dos años menor. Ambos aprendieron las primeras letras en el colegio de los PP. Escolapios hasta que su familia se trasladó a Madrid; Carlos Vergara cursó el bachillerato en el Instituto San Isidro de Madrid y se licenció en Derecho Civil y Canónico en la Universidad Central.

Consta como funcionario público desde muy joven; en el año 1875 figura como oficial letrado de tercera de Hacienda Pública; en 1882 ingresó en el Cuerpo de Abogados del Estado, convirtiéndose al año siguiente en oficial de primera de Hacienda.

El 2 de febrero de 1884, con treinta años,  contrajo matrimonio con la señorita Concepción López Figueredo, natural de Bayamo (Cuba). La ceremonia religiosa tuvo lugar en la parroquia de San José de Madrid. Su brillante trayectoria siguió fulgurante al convertirse en 1893 en Jefe de negociado de tercera clase; Jefe de negociado de primera clase en 1896; Inspector general de Hacienda Pública en 1909; Interventor central de Hacienda en 1911;  Director general de Propiedades e Impuestos en 1912; Director general de la Deuda y Clases Pasivas en 1914.

En febrero de 1923, su hermano Marcelo se jubiló al llegar a la edad reglamentaria. Era jefe de Administración de primera clase del Cuerpo de Abogados  del Estado. Así lo firmó el rey y lo publicaron La Gaceta, el día 7 de febrero,  y el periódico El Globo, al día siguiente. Estaba casado con Dolores Ibáñez Martínez que debía ser bastante más joven que él. No tuvieron descendencia. La mujer falleció en Madrid el 15 de abril de 1957, veintiocho años después que su esposo.

Antes que Primo de Rivera tomase el poder en el mes de septiembre, Carlos Vergara Cailleaux ejercía como Magistrado de Sala de lo Contencioso y Administrativo del Tribunal Supremo. Políticamente estaba alineado con un joven y brillante José Calvo Sotelo,  una de los más prometedores valores  del 'maurismo'. Apenas fue una ilusión. Un empleo efímero, que sin embargo le ha sirvió para figurar en la orla de los  ministros de Hacienda de España. Carlos Vergara solo ejerció el cargo durante dos meses, hasta el 25 de febrero de 1924. Ese día abandonó el Ministerio de Hacienda para desempeñar las funciones de Gobernador del Banco de España. Inmediatamente después, en abril, el directorio le nombró caballero de la Real Orden de Isabel la Católica (ABC, 1 de mayo de 1924). A finales de año, el 3 de diciembre de 1925, su 'jefe político', José Calvo Sotelo, asumió el Ministerio de Hacienda.

La política económica del nuevo gobierno se dirigió a la creación de grandes empresas y monopolios y la nacionalización de actividades consideradas claves. Hacía poco que se había creado Construcciones Aeronáuticas, quizás la empresa  más emblemática de Getafe. Así, en los primeros meses de la dictadura se consolidaron astilleros para  la fabricación de barcos,   aunque fuese con capital y patentes extrajeras, se fundaron empresas como Campsa, Tabacalera y Telefónica y se constituyeron las confederaciones hidrográficas. Se inició una actividad febril para dotar a la nación de unas infraestructuras acordes a los tiempos; se construyeron más de 7.000 kilómetros de carreteras, ferrocarriles, pantanos. Se acercó la electricidad al mundo rural.La política económica, claramente inflacionista, tenía como locomotora la obra civil y como instrumento a su servicio la capacidad de imprenta del Banco de España. Primo de Rivera y Calvo Sotelo necesitaban un jefe para la imprenta que le diera al manubrio y fabricase billetes como un loco.

Carlos Vergara y Cailleaux firmó una primera emisión de billetes el primero de julio de 1925, apenas un año después de acceder al cargo. Tantos fueron los billetes que se imprimieron que nuestro amigo Manuel Fernández tuvo la amabilidad de 'obsequiarnos' con un billete de cien pesetas de aquel año. Un regalo precioso, no por su valor económico, sino por su interés como testimonio histórico para glosar la figura de este juez y político getafense.



Dos meses después de que el alcalde de Getafe frotase entre sus dedos índice, pulgar y corazón los primeros billetes de 100 pesetas acuñados por el Banco de España con la firma de Carlos Vergara, el ayuntamiento decidió contribuir con un acto simbólico que revelase el reconocimiento al que fuera convecino de niño y en ese momento aparecía ante todos al frente de la máquina de imprimir dinero. El general decía ¡dale! y Vergara, le daba. ¡Venga, más papel! El 9 de octubre de 1925, el pleno del Ayuntamiento de Getafe acordó nombrar "Hijo adoptivo de Getafe" al general Miguel Primo de Rivera y Orbaneja. El secretario de la corporación recogió en el acta de manera magistral el acto de adulación al dictador: "La Corporación, identificada por completo con el sentir de la alcaldía, el antes citado Enrique Gutiérrez Carnero, y haciéndose a su vez eco de los sentimiento de este vecindario, en atención a las circunstancias excepcionales que concurrren en el Alto Comisario de Marruecos, presidente del Directorio Militar, excelentísimo señor teniente general don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, marqués de Estella, proporcionando días de perpetua recordación a nuestra querida patria, con su acertada dirección en la actuación militar de África, acuerda por aclamación y con el mayor entusiasmo nombarle Hijo adoptivo de esta villa de Getafe, y que por la Alcaldía Presidencia se entrege al presidente del directorio militar certificación íntegra del acta de esta sesión".

El susodicho alcalde, Enrique Gutiérrez Carnero, aparece —visto desde la distancia en el tiempo— como un tipo realmente pelota. Ejerció el cargo durante dos años y pico, entre 1925 y 1927. Y debía estar muy agradecido; hasta el punto que, al año siguiente de 'ahijar' al dictador, repitió el gesto de adulación con el gobernador civil de la provincia, Manuel de Semprún y Pombo, un abogado de éxito que había sido alcalde de Valladolid en 1906, gobernador civil de Zaragoza, Cádiz y Madrid; y es más que probable que fuera el jerarca que aupó a Enrique Gutiérrez hasta la alcaldía del pueblo. El nuevo 'hijo adoptivo de Getafe', Manuel Semprún llegaría a ser alcalde de Madrid durante unos meses en 1927.

Desde finales de 1925 había acabado la primera etapa de la dictadura. En diciembre, Primo de Rivera seleccionó a un grupo de jóvenes para sustituir a los militares en la cúpula del poder. Los 'magníficos' del directorio civil eran el duque de Tetuán, que pasó a ocupar el Ministerio de la Guerra; Cornejo, el de Marina; Ponte, el de Gracia y Justicia; Callejo, el de Instrucción Pública; Martínez Anido, el de la Gobernación; Calvo Sotelo, el de Hacienda; José de Yanguas, el de Estado, y Guadalhorce, el de Fomento.

La marcha triunfal de la economía en los dos primero años del directorio Civil, entre  1925 y 1927, consiguió el apoyo casi unánime de la sociedad; incluso, que la UGT liderada por Largo Caballero apoyara las reformas. Por el contrario Julián Besteiro se situaba enfrente. Luego, al cabo de los años, estos personajes cambiarían sus posiciones hasta el punto que Largo fue extremista y está considerado como el 'Lenin español'. Paradojas que produce el tiempo.

Sin embargo, la dictadura se mostraba incapaz de realizar una verdadera reconstrucción política, un cambio de actitud y mentalidad que transformase el país y rescatase a la sociedad de su sempiterno y fratricida enfrentamiento. ¿No había alternativa al ciclo de guerras y desastres que asolaban España desde la guerra de la independencia?

A mediados de 1927, la inevitable relación de una pretendida economía autárquica con los movimientos globales del capital empezaron a provocar un considerable desgaste de las constantes ficticias en que se movía el régimen. La peseta se desplomaba. A ello había que sumar el déficit comercial, la fuga de capitales, las malas cosechas, la inflación interna provocada por el desorbitado aumento de la obra pública. Mientras los pequeños y miserables capitalistas ibéricos medraban y los trabajadores tenían trabajo, España iba; e iba bien. Todo eran alabanzas y distinciones al general que había rescatado al país de la decrepitud moral y económica, y a su determinación cuando suprimió el Parlamento y la casta de políticos enraizados en sus escaños.

Desde el mismo momento que se oteó la depresión mundial y los trabajadores se vieron abocados a la falta de trabajo, se cambiaron las tornas, las lanzas se volvieron cañas, y la sociedad, siempre tan escasa de memoria colectiva, responsabilizó al dictador de los males que aquejaban de nuevo a la Patria.

Cada vez se oían más voces, y más altas, criticando al gobierno por el intento de ocultar los efectos de una inflación que había provocado él mismo con una política monetaria en contradicción con su política económica inflacionista.  El ministro de Hacienda, Calvo Sotelo, esperaba contener los descensos en la cotización mediante compras de pesetas en el mercado de Londres y se afanaba en el mantenimiento de la peseta como "índice de la capacidad moral de la raza española". Y replicaba a los expertos que  la economía española era sana y que la caída de la peseta había sido 'orquestada' por los  especuladores de siempre.

Las dificultades se iban acumulando; pese al proteccionismo y a las altas tarifas aduaneras, la balanza comercial española y la cotización de la peseta eran negativas; cada vez salían más divisas, hasta que la peseta terminó por hundirse totalmente.  El desmoronamiento de la peseta era paralelo al del régimen.  En marzo de 1927 la peseta alcanzaba el 93% de su valor nominal; en 1928, el déficit era de más de dieciocho mil millones de pesetas.  Esto, unido al rumor sobre la  nacionalización de todas las compañías extranjeras como en  el caso de Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos (Campsa), provocó la huida masiva de capitales y el pánico en la Bolsa. En contra de la posibilidad de devaluar la moneda, el Ministro de Hacienda, ayudado por el Gobernador del Banco de España, intentó revalorizarla con escaso éxito.  Calvo Sotelo tenía los días contados al frente del Ministerio.

En el verano de 1928, ante la necesidad imperiosa de tesorería, el gobernador del Banco de España, Carlos Vergara y Cailleaux, no dudó en volver a acuñar moneda en cantidades ingentes. ¡Qué importaba ya la inflacción con la que estaba cayendo! Los billetes de 25, de 50 y de 100 pesetas salían como churros de la fábrica de moneda y timbre con la fecha impresa de 15 de agosto. El año anterior, en 1927,  volvió a acuñar una nueva edición de monedas;  algunas tan curiosas como los 25 céntimos del agujerito troquelado y que después sirvió como modelo para los cincuenta céntimos, incluso en épocas  más recientes para las 25 pesetas. El 'hijo adoptivo de Getafe', el mismísimo Miguel Primo de Rivera, escribía sobre los errores de la política monetaria en enero de 1930, un mes antes de dimitir:

"¿Por qué hemos intervenido en el cambio internacional?  La respuesta no me va a acreditar de diplomático ni de sofístico.  Hemos intervenido por error, porque hemos padecido una equivocación.  Cuando hace aproximadamente un año  vimos subir la peseta a poco más de 27 la libra, se nos llenó el ojo y alegró el ánimo, y la vanidad nacional nos hizo soñar unas horas en alcanzar la paridad.  ¡La peseta oro! ¡Viva España!  Ello era más un éxito moral que económico... El acierto entonces hubiera estado en comprar muchas libras y dólares, al tipo de 27, 28, 29 y hasta 30 la libra, forzando nosotros mismos el alza de esta moneda, y al llegar a este punto tomar medidas para estabilizar la nuestra: es decir, estabilizar en el momento de abandonar nuestra protección en el mercado a la libra, para que, falto de ella, tendiese no a subir sino a bajar, y además que nos cogiera con libras en superreserva para mejor mantener la estabilización.  Claro es que estas cosas se ven después de haber ocurrido.  Pero, desgraciadamente, la libra empezó a subir por sí misma y muy rápidamente, y entonces se nos ocurrió contener su alza, en defensa del valor de nuestra moneda, comprando pesetas al precio que salían, es decir, vendiendo o comprometiendo libras, y ya metidos en ese camino, como pasa al jugador que pierde y va al desquite, es difícil detenerse."

Carlos Vergara Cailleaux desempeñó el cargo de Gobernador del Banco de España hasta el martes 22 de octubre, fecha "en que le fue admitida la dimisión por motivos de salud". Dos días después,  el 24 de octubre de 1929, festividad de San Rafael, sucedió lo que todo el mundo sabe ahora pero que pocos adivinaron entonces. La bolsa de Nueva York se colapsó en lo que se ha venido en llamar el 'jueves negro'; la economía mundial hizo 'crack'y la española, como siempre, 'cata-crack'. En diciembre de 1929 la libra cotizó a más de 36 pesetas. La política monetaria del gobierno había sido un fiasco en medio de la tormenta económica que azotó al mundo capitalista.

El 5 de noviembre, el ABC publicó una pequeña nota en la que, dentro del apartado de nombramiento y cese de Asambleístas, se daba cuenta de la disposición para "que D. Carlos Vergara y Cailleaux deje de formar parte de la Asamblea Nacional. La enfermedad acabó con el mayor de los Vergara de manera fulminante. Moría al día siguiente. Dos días despues, el 7 de noviembre de 1929, 'El Imparcial' publicaba la noticia de su fallecimiento con una breve necrológica: "La dolencia que aquejaba hace tiempo al exgobernador del Banco de España don Carlos Vergara y Cailleaux ha tenido un funesto desenlace. Descanse en paz".

La dueña de la guadaña se estaba entrenado para hazañas mayores y decidió acabar de una vez con la extirpe de los Vergara y Cailleaux. El día 24 de noviembre, dieciocho días después, fallecía su hermano Marcelo.  A la semana siguiente, el 30 de noviembre, el hijo adoptivo de Getafe Manuel de Semprún y Pombo; y, finalmente, el 16 de marzo de 1930, moría el otro hijo adoptivo de Getafe y dictador Miguel Primo de Rivera.


IMÁGENES:

♦  Retrato del gobernador del Banco de España Carlos Vergara Cailleaux. Óleo sobre liezo de 131x98 cm. del pinto José Llasera. Colección del Banco de España.

José Llasera Díaz (1882-1943) fue un pintor sevillano de una cierta calidad especializado en retratos, sobre todo femeninos, con la habilidad suficiente para acceder a la clase dirigente tan dispuesta a dejar constancia de su paso por un ministerio u otros estamentos del poder. En otros ministerios, como el de Justicia, hay otros cuadros de este artista.

♦ Fotografía de Carlos Cailleaux vestido de magistrado del Tribunal Supremo.

♦ Billete de 100 pesetas emitido con fecha 1 de julio de 1925. A parece firmado por Carlos Vergara como gobernador del Banco de España. En su parte inferior figura la autoría del grabado a cargo de Bradbury, Wilkinson y Cía. Grabadores. (New Malden, Surrey, Inglaterra).

♦ Monedas de 25 céntimos acuñadas en 1927.

♦ Billete de 100 pesetas emitido con fecha 15 de agosto de 1928. Aparece la firma de Carlos Vergara como Gobernador del Banco de España. El grabado del billete, dedicado a Cervantes, fue realizado por la  misma casa inglesa.

3 de junio de 2014

La verdadera fiesta de los toros en Getafe


El periódico político satírico Fr. Gerundio, en su capillada  [número] 146, describía  una corrida de toros en la plaza del Ayuntamiento de Getafe con motivo de las fiestas patronales en honor a la Virgen de los Ángeles. Era finales de mayo de 1839:

«Me tocó entrar en la plaza por una casa donde había una panadería de tahona: vi el pan preparado para meterle en el horno, y dije para mí acordándome de Jovellanos sin ser Jovellanos: 'he aquí los pueblos de España; pan y novillos'. Subí al gran palco-balcón-galería de las casas consistoriales, y luego que se colocó mi Paternidad entre el Alcalde y el Juez de primera instancia (que, sea dicho entre paréntesis, son dos dignos patriotas) se hizo la señal al timbalero y los clarines, que eran nada menos que tres, más que en la plaza de Madrid; y se dio principio a la corrida. Por supuesto que en esta clase de pueblos y funciones no hay despejo de plaza; al contrario siempre hay toreando por lo menos doscientos hombres libres. Fueron saliendo los novillos, buenos en lo general, bravos y vivarachos; [...]

Todos toreaban a un tiempo, unos con la chaqueta, otros con el pañuelo, otros con una manta vieja, quizá llena también de ganado como las dehesas de Colmenar, otros con el sombrero, otros con el palo que le hacía de bastón, y muchos con el cuerpo a cuerpo y brazo a brazo: hombre había que viéndose apurado por el novillo, se bajaba a descalzarse un zapato para tirársele y entretenerle de algún modo: en uno de estos caso vi con admiración al animal detenerse y contemplar al hombre-novillo como quien le dice: 'mentecato, si yo fuera tan bestia como tú, y no me reconociera dotado por hoy de un alma grande ¿qué sería de ti, y a dónde irías a parar?'. Otro salió (yo le llamaba el símbolo de la afición española) con un brazo malo y sostenido por un pañuelo pendiente del cuello: este hombre debía están tan manco del juicio como del brazo.

No faltaron sin embargo sus porrazos corrientes así como por vía de ejemplo, y por muestra de que sabían darlos para ver si escarmentaban, pero ni por esas. Los únicos que entendían de capear y que nos divertían sin susto fueron un hijo de un Grande de España (de cuyo título no me acuerdo, pero que es menester expresar), y un sobrino de Capita, el banderillero de la plaza de Madrid. El presunto Grande de España y el sobrino del banderillero se conocía que iban de compañeros, y que eran de una misma escuela: se defendía muy bien uno a otro: ambos pueden llegar a ser buenos profesores si lo ejercitan. A veces había derramadas por la plaza tantas prendas de vestuario que si las encontrara un comandante de columna, no necesitaba más para decir al gobierno que el enemigo pronunciado en derrota había abandonado el botín, dejando el campo cubierto de uniformes, armas, y otros efectos de que se aprovecharon sus soldados; y era la chaqueta del Lagarto de Villaverde, y el moquero del tío Pancracio de Carabanchel.

Se acabaron de correr los dieciocho novillos y se hizo una suspensión de hostilidades hasta la tarde. Van-Halen hubiera hecho una estipulación ominosa: al cabo, más fiero es Cabrera que todos los novillos de Getafe juntos y la hizo con él: pero los getafenses hicieron un armisticio tácito. Por la tarde se volvieron a correr dos veces los mismos 18; de modo que entre las dos corridas de la tarde, la de la mañana y los cuatro o seis del aguardiente vinieron a correrse en un día cerca de sesenta novillos. La plaza de Getafe estuvo hecha un anfiteatro en tiempos de Caracalla».

Y así pasó el siglo diecinueve. Toros, toros y, sobre todo, toros. El Museo Universal, en 1863, habla de palos y disputas por culpa de los festejos taurino de Getafe. La fama no decrecía. El periódico La Libertad, en su número de 9 de junio de 1892, publicaba una noticia sobre los festejos: «40 toros se corrieron ayer en Getafe. La fiesta duró todo el día empalmando la corrida de la mañana con la de la tarde, advirtiendo que de madrugada ya se habían corrido varios toros».

La Crónica de los Carabancheles anunciaba en su número de 5 de junio de 1898 [anulada ese día y celebrada el día 14] una corrida benéfica con el fin de allegar más recursos a la suscripción nacional, sin especificar el destino de los fondos, en la que no se había omitido gasto alguno; una infinidad de arcos voltaicos iluminarían la plaza a las nueve de la noche para lidiar dos toros de muerte por los afamados novilleros Mazzantinito y el Chico de la Blusa, con los banderilleros Ramón Dorrego (de Getafe), Antonio García y Gil Rojas; además, se anunciaban picadores, alguaciles y monosabios. Después de muertos los toros se lidiarán doce de capea para los que gusten de bajar al redondel. La presidencia estará a cargo de distinguidas señoritas. La entrada más barata [general] costaba cincuenta céntimos y la más cara [junto a las señoritas, se supone] dos pesetas. Getafe era noticia habitual por los sucesos taurinos; heridos, muertos y altercados que las autoridades locales encubrían o no comunicaban al gobierno civil.

A finales del siglo XIX, el ilustrador getafense Daniel [Urrabieta] Vierge triunfaba en París. Él también ilustró con un cuadro al óleo una corrida de toros, esta vez en la vecina localidad de Pinto, imagen que reproducimos bajo estas líneas. La imagen superior corresponde a una acuarela del artista barcelonés afincado en Getafe Filiberto Montagud que muestra la fiesta de  los toros que se celebraba en Getafe, en la plaza del Ayuntamiento, en el primer cuarto del siglo XX.



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BIBLIOGRAFÍA E ILUSTRACIONES:

♦ Fr. Gerundio. Periódico satírico de política y costumbres. Capillada 146. 24 de mayo de 1839. Madrid. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Ministerio de Cultura.
♦ Los toros en Getafe. Filiberto Montagud Díaz.  Ilustración inacabada ejecutada con lápiz y acuarela en un pequeño formato. Cedida su reproducción por gentileza de la familia Reverte Montagud.
♦ Corrida de toros en Pinto (Course de taureaux improvisée sur une place publique d’une ville d’Espagne. Óleo sobre madera de Daniel Vierge. Musée d’Orsay. París.