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6 de octubre de 2008

El teléfono móvil y la rana Juana

Lunes, 6 de octubre de 2008
07:35 horas

Hemos "adoptado" dos ranas, un macho y una hembra, y sabemos su sexo, no porque hayamos detectado sus órganos, sino por que el diligente empleado de la tienda así lo creía y nos lo aseguró. A la hembra, algo mayor que su compañero acuático, la hemos llamado Juana, (también la conocemos ya como por el mote de "Chichí"). Al macho le hemos puesto Toribio. Son de la especie "bombina orientalis", conocidas también como "sapitos vientre de fuego", por la coloración brillante de su barriga. Son relativamente baratas (11 euros cada una) y no están "protegidas". Como buenas ranas, o "sapos", tienen unas largas y hermosas ancas y la espalda es de un color verde brillante, en el caso de Juana, y de un tono más amarronado la del macho Toribio.

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La decisión de incorporar a la unidad familiar a estos anuros o batracios no ha sido fácil. Fernando, nuestro hijo biológico, dudó inicialmente de nuestra capacidad mental. Luego ha asumido este experimento, no sin una cierta duda y la sospecha de un presunto y futuro ranicidio involuntario.

Estos animalitos, tan saltones y escurridizos, no tienen nada que ver con el resto de la fauna doméstica. Dama es una perra pequeña, sin linaje ni pedigrí, de madre conocida y padre ignoto, ambos progenitores de raza nisu. Adoptada cuando aún era un cachorro, es marrón, ladradora, y andarina; con cara de pocos amigos, medio lobo, medio pastor alemán, y bastantes malas pulgas, metafóricamente hablando de su carácter. Aunque, si somos justos, no es tan fiera la bestia como la pinto; llega incluso a estados depresivos en nuestras ausencias largas, sobre todo veraniegas. No le gusta ni las "familias de acogida" ni los hoteles caninos. A la muy espabilada le chiflan los guisados, el chocolate, el queso manchego, o de cualquier otra región y manufactura, los helados y los panchitos. Nunca un can disfrutó tanto de la comida casera.

El gato, de raza "europeo común", lo inscribimos en el registro familiar como Tulio Cátulo, (de mote "Tulillo"), aristocrático y literario nombre que mezcla a dos de los más egregios autores latinos: Marco Tulio Cicerón y Cayo Valerio Catulo. El gato nació en un vivero. También lo adoptamos a edad temprana. Es sabio en huir como alma que lleva el diablo y cobarde en la justa medida que la carrera le salva el pellejo de piedras, perros y gamberros. Capado como está, no se le conocen amoríos con gatas, así que la poesía que maulla suena como el hambre en su barriga. Filósofo versado en sestear, ve pasar el tiempo desde el alféizar de la ventana orientada al sur. En fin, el gato vive en casa de la manera más independiente posible, como si fuera un hijo mayor (sólo viene a comer y, veces, a dormir). Es, por instinto, maestro cazador. Vigila y pilla, con sigilo todo lo que se mueve, ratones, pájaros, salamandras (eso está muy mal, le digo; pero le da igual), incluso cucarachas. Nada se le escapa a este felino de nombre romano, capaz de despellejar a cualquier intruso que invada sus "posesiones".

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Ambos, perra y gato viven de manera pacífica como buenos hermanos. No resulta extraño ya que se han criado juntos desde que la perra, algo más tontona que el gato, era un cachorro. Si la naturaleza no tuviera sus propias normas, aquí tendríamos una buena jauría de "perrigatos". Sin embargo, ahora, con los batracios, es distinto. Habrá que tener cuidado para que Tulillo no se percate de sus dos nuevas compañeras de casa y se proponga su caza. Difícil cohabitación, que diría un francés hablando de algunas de las situaciones políticas que genera su república.

Entremos, pues, en materia. A ver a cuento de qué les largo el rollo éste de la fauna de mi hogar. Muchos padres regalan a sus "tiernos" hijos e hijas un teléfono móvil, y cada vez a edad más temprana. Las últimas estadísticas hablan que el cuarenta y tres por ciento de los niños entre los seis y los once años ya disponen de ese instrumento. En el mundo hay más de cuatro mil millones (65% de la población mundial) de líneas telefónica móviles. Es para alarmarse. El grado de dependencia del móvil que padecemos es terrible. Estamos convencidos que nuestro hijo comprende lo que queremos hacer y advierte, al menos un poco, el peligro de la telefonía móvil. Sin embargo, es tremendo el efecto llamada de ese "atractivo" y dañino aparatito. Es uno de los distintivos "necesarios" que nos vende la sociedad de consumo y que, en la mayoría de los casos, adquirimos, como hábito, moda o "estilo" de vida.

Nadie piensa en la radiación electromagnética que emite el móvil. Y no sólo cuando hablamos, también en estado de espera. Imaginen los efectos, eléctricos, hormonales y térmicos, en sus permeables cerebros infantiles. Tenemos que remitirnos a articulos anteriores. Si el teléfono hace girar la aguja de una brújula, qué hará con las dulces células de sus cerebros. Un niño sólo debería usar el móvil de manera extraordinaria y ocasional. Creemos.

"Si dejáis una rana junto a un móvil, se muere en 24 horas". Es el veredicto del experto ucraniano en radiación electromagnética, Stanislav Denisov. Este científico que trabajó en la antigua Unión Soviética en proteger a los astronáutas de las radiaciones, seguraba esto en el año 2005. Hoy se han producido algunas novedades en la investigación sobre la radiación de los teléfonos móviles... Los ratones de laboratorio aguantan varias semanas. Para comprobar la primera de sus afirmaciones, hemos decidido llevar a la práctica un pequeño experimento con las ranas. Ya lo decía Leonardo da Vinci, la sabiduría es hija de la experiencia. Más tarde volveremos sobre las palabras de este experto y su invento para neutralizar los efectos malignos de la radiación que emite el "celular" .

Hemos tomado la decisión de regalar un teléfono móvil a Juana o, si prefieren, "Chichi". Espero que mi hijo, que ahora tiene trece años, y yo mismo, podamos comprobar la teoría y que a él, en edad de ser tentado por las modas y las costumbres de otros jóvenes, le quede grabada la demostración en su cabecita. Juana y Toribio están ambientadas en su pequeño acuario desde hace diez días. Son felices; de vez en cuando el macho se sube en la chepa de Juana y así, juntitos, se tiran la tarde hasta que llega el crepúsculo, allí en la terraza cubierta, entre las ramas de helechos y el aroma de las hierbas aromáticas que se usan en la cocina: albahaca, basilisco, tomillo limonero, cilantro, perejil y hierbabuena.

Cada dos días les sirvo un menú a base de insectos vivos. Lo que más les gusta son los grillos que compro en la misma tienda que me proporcionó las ranas; la vida está muy cara: cada ración de grillos (unos quince o veinte) cuesta 2,60 euros (¡más que una docena de huevos, leñe!). También cazamos, si podemos, para su menú insectívoro pequeñas moscas medio tontas por el otoño incipiente.

Hubiéramos querido que el experimento se hubiera podido observar a través de una webcam en este mismo blog. Sin embargo, nuestros conocimientos de informática ("hardware" y "sofware") son algo limitados. Para seguir la evolución de los hechos, sólo podremos realizar pequeños vídeos cada cuatro o cinco horas y subirlos a través del mismo "blogger". Seguiremos esta misma entrada con anotaciones de fecha y hora hasta el (¿lúgubre?) final. Mañana aislaremos a Juana, la dejaremos sola en un acuario y le "regalaremos" el móvil.

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